Informe Chilcot: el legado de Tony Blair y George W. Bush en Iraq
BAGDAD (CNN) - "Nuestros ejércitos no entran en sus
ciudades y tierras como conquistadores o enemigos, sino como
liberadores", leyó la proclama al pueblo de Iraq. Estas podrían haber
sido las palabras del primer ministro británico Tony Blair o del
presidente George W. Bush en el momento de la invasión de Iraq en 2003.
Pero se remonta a 1917, y fue escrito por el teniente general sir
Stanley Maude, el comandante de las fuerzas británicas en Iraq.
La ocupación británica que le siguió fue desordenada, aunque no tanto
como su versión moderna liderada por Estados Unidos. Entonces, el
pueblo iraquí libró una sangrienta insurrección contra los británicos,
que, en el proceso, supuestamente utilizó gas venenoso en contra de,
entre otros, los kurdos del norte.
Si Blair hubiera leído su historia más cuidadosamente, podría haber
tenido la experiencia de Gran Bretaña como advertencia. En su lugar, al
lado de Bush, se lanzó de cabeza a lo que rápidamente se convirtió en un
lodazal.
El informe Chilcot -el esperado resultado de la larga investigación
de Gran Bretaña sobre la guerra de Iraq- puede arrojar más luz sobre la
decisión de Blair en ese momento, pero las revelaciones serán de poca
utilidad para los iraquíes.
En Medio Oriente, los grandiosos planes geoestratégicos trazados por
las potencias extranjeras invariablemente van mal. Iraq no es la
excepción.
Qué tan mal fue dolorosamente evidente en el centro de Bagdad este
fin de semana, en las ruinas humeantes de otro ataque terrorista, donde
al menos 250 personas murieron en un atentado con camión bomba
perpetrado por ISIS.
Los falsos pretextos de la "liberación" de Iraq
Millones de iraquíes han quedado sin hogar por la guerra contra ISIS,
y los muchos desplazados o expulsados al exilio durante el caos de los
años de ocupación no tienen nada que celebrar en este "nuevo" Medio
Oriente.
Cientos de miles de personas han muerto desde la invasión de 2003. La "liberación" no funcionó para ellos.
Los pretextos tan fuertemente impulsadas por Bush y Blair para la
invasión de Iraq han demostrado ser completamente falsos. Si fueron
mentiras o simplemente monumentales errores de juicio nunca sabremos,
pero las consecuencias están a la vista de todos.
No había armas de destrucción masiva. No hay paz ni prosperidad en
Iraq hoy en día. Lo que pasa por una democracia es fundamentalmente
defectuosa y peligrosamente inestable.
La invasión de Iraq abrió la caja de Pandora, de la cual voló el
sectarismo, el terrorismo y la violencia, y nadie ha logrado volver a
encerrarlos. Las bombas suicidas y la muerte expanden el terror en
todos lados.
Lo que Bush y Blair dejaron atrás
Hace trece años, en la víspera de la invasión, Blair dijo: "Si no nos
enfrentamos a estas amenazas gemelas de Estados corruptos con armas de
destrucción masiva y terrorismo, no van a desaparecer". Lejos de
desaparecer, el terrorismo en forma de ISIS ha creado su propio estado
criminal -en el proceso de redefinir el terrorismo hasta el punto de que
al Qaeda lo ha condenado por ser demasiado extremo.
La entidad que Bush y Blair ayudaron a crear, el Iraq de hoy en día,
es uno de los países más corruptos en la tierra. Flota sobre un mar de
petróleo, pero poco de esa riqueza se escurre hacia la gente común. Los
cortes de agua y electricidad son comunes.
El verano pasado, cubriendo la masiva oleada de refugiados y
migrantes que intentaban llegar a Europa, me encontré con docenas de
iraquíes que habían dejado en su país. En la frontera con Hungría,
Hussain, un estudiante de Derecho de 22 años de Karbala, me dijo: "Vamos
a esperar aquí seis años si tenemos que hacerlo. No tenemos nada que
perder". Volver a Iraq, insistió, no era una opción.
¿Entonces valió la pena? No hay unanimidad en este punto. Un montón
de amigos iraquíes recuerdan los buenos viejos tiempos de Saddam
Hussein, cuando los bombardeos terroristas eran poco frecuentes, cuando
no había muros de explosivos y pocos puntos de control, cuando se podía
viajar en casi cualquier lugar en Bagdad o Iraq sin temor a recibir un
disparo o ser secuestrado o decapitado.
No había libertad de expresión, no había democracia. Saddam gobernaba
por el miedo, pero al menos había orden. Una vez que se prueba la
anarquía – e Iraq ha tenido bastante- la dictadura no se ve tan mal.
Como me dice mi amigo Mohamed J. con frecuencia: "Si Saddam pudiera volver de entre los muertos".
Cómo Bush y Blair ayudaron a los kurdos
Otros, sin embargo, adoran el legado dejado por Bush y Blair. A
principios de este año, yo estaba sentado alrededor de una fogata en el
norte de Iraq con un grupo de comandantes kurdos, a poca distancia de
las líneas del frente con ISIS. Estábamos hablando de las próximas
elecciones presidenciales en Estados Unidos.
"Amamos a George Bush", exclamó uno, cuando le pregunté quién era su
candidato preferido."Deseamos que pudiera ser presidente otra vez".
"Y nos gustaría volver a ver a Tony Blair en el poder también", intervino otro.
La popularidad de Bush y Blair entre los kurdos no es nueva. Yo
estaba en la capital kurda de facto, Arbil, el 9 de abril de 2003,
cuando las tropas estadounidenses tiraron la estatua de Saddam
en Bagdad.
Cuando la noticia se difundió por toda la ciudad, miles salieron a celebrar, agitando banderas de Estados Unidos.
"¡Abajo, abajo Saddam! ¡Sí, Estados Unidos! ¡Sí, sí, Bush!", gritaba un joven entusiasta.
Bush y Blair ayudaron a cimentar el estado semiautónomo del Kurdistán
iraquí, estableciendo la separación no oficial de la región del resto
del país. Y los kurdos han pasado por alto lo que sucedió en el resto
del país.
Vivir -y morir- con las consecuencias
Blair hubiera querido que algunos de los kurdos declararan ante la
comisión Chilcot, porque más allá de ese rincón de Iraq, la historia no
es tan amable.
Hoy Bush es un pintor aficionado, e irónicamente, Blair hace dinero
ofreciendo experiencia, visión y orientación sobre Medio Oriente.
Aparte de las molestias y la posible vergüenza de los resultados de
la investigación Chilcot, Blair ya no tiene que hacer frente a la
ciénaga que él ayudó a crear en Iraq.
Los habitantes de esta tierra de mala suerte, sin embargo, tienen que vivir -y morir- con las consecuencias.

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