El secreto del pueblo donde la gente no padece cáncer ni diabetes
Las personas afectadas por el síndrome de Laron presentan deficiencias de crecimiento, y es precisamente la falta de división celular la que les concede una inmunidad frente al cáncer y la diabetes.
A día de hoy el cáncer es, sin duda, una de nuestras mayores preocupaciones.
La ciencia y la medicina intentan desentrañar sus mecanismos, y no solo
para frenar su aparición, sino para ofrecer también a los pacientes
unos tratamientos más eficaces.
Si te dijéramos que existe una población o, mejor dicho, un tipo muy “específico” de personas para las cuales la palabra cáncer no supone miedo alguno, seguro que no acabarías de creerlo.
No
obstante así es, y por ello, hoy en nuestro espacio te proponemos que
nos acompañes a un lugar tan bonito como especial: el Valle de
Vilcabamba, en Loja, Ecuador.
El pueblo donde parte de sus vecinos no conocen la palabra “cáncer”
Para
comprender un poco más esta fantástica particularidad es necesario que
te hablemos, a su vez, de una condición genética: el síndrome de Laron.
El síndrome de Laron es una enfermedad rara hereditaria que produce una deficiencia en el crecimiento. Además, esta particularidad genética ofrece una inmunidad al cáncer y a la diabetes del 100%.
Veámoslo con detalle.
El síndrome de Laron: 350 personas en todo el mundo
El síndrome de Laron fue descrito por primera vez en la década de los 50. Fue Zvi Laron,
un médico israelí. Este se interesó por ella al ver que parte de sus
pacientes en un pequeño pueblo de su país de origen presentaba una
estatura muy baja.
Su condición física iba de la mano además de una estupenda salud general:
podían comer todo aquello que deseaban sin padecer diabetes y, aún más,
ninguna de aquellas personas ni sus antepasados habían padecido cáncer.
Tras más de 30 años de investigaciones, en 2001 publicó todas sus conclusiones tras averiguar los mecanismos de este curioso síndrome. Estas serían, a grandes rasgos, las principales características:
- El síndrome de Laron afecta a 350 personas en todo el mundo. No obstante, una buena parte de ellos están en el Valle de Vilcabamba, en Loja, Ecuador. El resto se hallan en Israel y en algunos países del Mediterráneo.
- Las personas con esta condición genética tienen unas proporciones corporales menudas: no alcanzan más del metro de altura.
- Además de su tamaño pequeño, también poseen ciertas características fisionómicas muy particulares.
- El origen de este síndrome se halla en un problema de la hormona de crecimiento.
A
pesar de que esta hormona, la GH, se produce con normalidad, no media
en todo el metabolismo corporal debido al fallo en otra hormona, la
IGF-1, muy relacionada con la insulina.
- Este síndrome solo puede transmitirse tanto si el padre y la madre portan el gen de la enfermedad.
Síndrome de Laron, ni diabetes ni cáncer
Las
personas con esta condición genética llevan una vida completamente
normal. Aparte de su menudo tamaño, no se les conoce ninguna dolencia ni
problema orgánico.
Tanto es así que aquello que más sorprende a
los médicos es que, a pesar de que muchos de ellos lleven una dieta
incorrecta, rica en grasas, frituras y azúcares, nunca han desarrollado diabetes ni menos aún cáncer.
Nunca, desde que se descubrió el síndrome de Laron, ha existido una
persona diagnosticada con alguna de estas enfermedades. Las causas
podrían ser las siguientes:
- La clave de todo ello está en el hígado y en esa hormona que frena la liberación de otra hormona, la del crecimiento.
- La IGF-1 es imprescindible no solo para que los niños crezcan, sino que una vez llegamos a la madurez, es la que sigue propiciando la “división celular” y, por tanto, la que media en la propagación del cáncer.
- Por si fuera poco, los individuos con síndrome de Laron son más sensibles a la insulina, lo cual les permite frenar la aparición de la diabetes y cualquier otro problema metabólico.
- Así pues el mayor problema para estas personas acontece en la infancia, puesto que no se desarrollan como deberían.
No obstante, llegada la edad adulta, este déficit productivo en la hormona IGF actúa como un excelente protector frente a dos de las enfermedades más comunes de nuestra sociedad: el cáncer y la diabetes.
Un reto para la ciencia, y una esperanza para los “larones”
A
las personas aquejadas por el síndrome de Laron los llaman “larones”. A
pesar de que nunca desarrollarán cáncer ni diabetes sus vidas no son
precisamente el reflejo de la felicidad.
Los historiadores nos
dicen que pueden ser descendientes de judíos sefardíes españoles que se
convirtieron al cristianismo y emigraron a Sudamérica en el siglo XVI.
Sea como sea, a algo a lo que siempre han tenido que enfrentarse es a las burlas y al estigma social por ser “diferentes”.
A día de hoy la ciencia intenta desentrañar el mecanismo de esta
hormona para poder imitarla y crear una medicación revolucionaria que
permita frenar la aparición del cáncer.
De momento, los experimentos se están llevando a cabo a nivel de laboratorio.
A su vez, también existe ya una esperanza para los “larones”. Cuando un niño es diagnosticado con este síndrome tiene la posibilidad de recibir la hormona “IGF-1” sintética. El problema radica en su coste: unos 20 000 dólares al año.
Algo
que pocas personas pueden llegar a pagar. Esperemos que, en poco
tiempo, exista esperanza para ellos y, a su vez, una solución de cara a
la erradicación del cáncer.



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